jueves, 21 de febrero de 2008


Rosa Mejías, viuda de Rolando Alcocer Soria. “Durante meses, me la pasaba llorando día y noche. Mi marido sabía llevar la casa, y ahora a la soledad se unía el que mis hijos se me echaban encima. Ahora ya no les busco”. Sus hijos le echan en cara que salga a cenar, que vuelva a divertirse con las amigas, tras meses sin ver a muchas de ellas. “A mi marido le tocó estar en la comisión de seguridad, un trabajo que nadie quiere hacer. Durante los últimos meses andaba preocupado todo el día. No me contaba nada, para no preocuparme, pero le veía leyendo su libro de seguridad: ‘con esto me chingo al ingeniero’, decía. Pero nunca hacían nada. Por aquella época, muchas veces se despedía dándome un beso: ‘Por si ya no nos vemos’, decía.”

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