
María Trinidad Cantú y Raúl Villasana son padres de un fallecido en la mina. Raúl, que se llama como su hijo, recibe una paga de los demás familiares para vigilar la bocamina (el acceso a los túneles). Se turnan para que haya alguien constantemente: llevan un cuaderno de bitácora donde apuntan todo lo que entra y sale del interior de Pasta de Conchos. “El cable que sacaron los primeros días estaba lleno de empalmes”, sostiene Raúl, “por ahí pudo saltar la chispa que provocó la explosión. No se cumplían las medidas de seguridad, y eso es responsabilidad de la empresa”.
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